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sábado, 16 de febrero de 2013

Todo un verdadero oficio.

A
D
T
                             IN NOMINE  MVLTIS
P
A
T
R
E
M

El Oficio Divino se hace verdaderamente "Oficio" por un corazón en Cruz.
¡Esta es la actitud del corazón que ora la Liturgia de las Horas!
¡La actitud del corazón en la oración de la Liturgia de las Horas y en la celebración Eucarística!

La actitud del corazón es la actitud de Cruz:
El corazón elévase al Señor, (AD DOMINVM), elévase al Padre (AD TE PATREM); y lo hace en nombre de todo el Pueblo de Dios, en nombre de toda la Creación, en nombre de muchas almas del mundo (IN NOMINE MVLTIS).

He aquí el Oficio del cristiano. Labor de amor. Así, celebrar la Eucaristía y orar la Liturgia de las Horas, es labor desde la cruz.
¡La oración adquiere una dimensión realmente comunitaria! Lo creemos y lo vivimos; experimentamos una dimensión plural de la oración; dimensión divina y comunitaria. El corazón orante en actitud de Cruz, elevándose al Padre en nombre de todo su Pueblo, se dilata, rebasa esa dimensión individual en la que en más de un momento corre el riesgo de incursionar. 

De esta forma la Liturgia de las Horas se hace verdaderamente, todo un Oficio. Un divino oficio de laborar en corazón y en voz por el Pueblo de Dios, por muchos hombres, por toda la creación. Es ejercicio del sacerdocio real conferido en el sacramento del Bautismo.

Es orar en el Espíritu del Hijo, al Padre, con toda su comunidad.
¡AD TE PATREM. IN NÓMINE MVLTIS! Amen.

¡Qué acertados aquellos versos de uno de los himnos de Tercia!:
"Renueva el alma de este pueblo tuyo,
que por mis labios canta tu alabanza".
Que esta disposición desde la cruz que lo dirige todo a Dios y abrza a todos los hombres, vivificándolo todo, sea nuestra disposición. Entonces haremos de la Liturgia Eucarística y la Liturgia de las Horas verdaderas celebraciones.


Sí, Padre: a Ti queremos dirigir toda nuestra vida
para que ésta sea vida tuya,
vida en tu Hijo.
A ti queremos ir como Iglesia Peregrina
Iglesia en comunión con todos tus hijos y todas tus creaturas.
Recibe esta oración que mira a ti y es de muchos.
Ellos la hacen. Nosotros no hacemos más que lo que debemos hacer.
Amén.


lunes, 31 de diciembre de 2012

Eucaristía y Liturgia de las Horas.



¡Qué acertados los versos, ya citados anteriormente, de uno de los himnos de Tercia para el tiempo de Cuaresma!: "Renueva, Señor, el alma de este pueblo tuyo, que por mis labios canta tu alabanza". Eucaristía y Liturgia de las Horas giran en un sentido y dirección conjuntas. No sólo porque recorren el ciclo del tiempo litúrgico en torno a los Misterios de la Encarnación y la Redención, sino también porque ambas celebraciones son un celebrar en nombre de muchos.

Al ir adentrándose en la experiencia de orar con la Liturgia de las Horas, en cuanto oración en nombre de otros, y en cuanto salirse de sí mismo en la alabanza y escucha al Padre, se va modelando el corazón orante para celebrar en igual sintonía la Eucaristía. El tiempo va fraguando esta experiencia que nos ayuda a vivir realmente la Misa como oración total que es. La Liturgia de las Horas va dejándonos más sensibles a ese sentido de la oración en nombre de otros.

Siguiendo al Catecismo de la Iglesia Católica, nro. 1178, "la Liturgia de las Horas (...) es como una prolongación de la celebración eucarística [y] acoge de manera complementaria, las diversas devociones del Pueblo de Dios (...)."

De esta forma, la celebración Eucarística y la Liturgia de las Horas se van tornando para el cristiano en íntimos alimentos. En la Eucaristía, en Laudes y en Vísperas el hijo de Dios se dirige a su Padre y, tres veces en el día, le llama "Padre nuestro". Sí; "nuestro". Tenemos que prestar atención a esto porque la Liturgia de las Horas y la Santa Misa es oración de la Comunidad de los hijos de Dios y de esta Comunidad por muchos otros. 

Por el sentido de la Liturgia de las Horas, Cristo va sembrando un corazón Eucarístico. El corazón del Cristo que entrega todo de sí anonadándose a sí mismo, en alabanza y obediencia al Padre, lleno del Espíritu.

Que cada himno y cada salmo, cada lectura y cada cántico, Padre, sea para ti alabanza y gloria y para nuestro espíritu ejercicio saludable que siembre en tu pueblo ese corazón eucarístico de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro. Amén.