Laudes


"Despertad cítara y arpa: despertaré a la aurora," canta el salmo 56 de las Laudes del Jueves I del Salterio. Es este el espíritu del Oficio de Laudes, un espíritu de alabanza y de ánimo confiado en el Señor al que primero dirigimos la mirada cuando las luces del alba están llegando. Los labios del hijo de Dios pronuncian sus primeras palabras del día: "Dómine, labia mea apéries. Et os meum annuntiabit laudem tuam." (Señor, abre mis labios; y mi boca proclamará tu alabanza). Las Laudes traen en sí mismas la alegría del nuevo día y del amanecer que despunta conforme avanza la oración. El cántico del Benedictus (Lucas 1, 68-79) es el punto más alto de esta Hora a la que desde cerca se unen los primeros trinos de las aves. 


Las Laudes matutinas están dirigidas y ordenadas a santificar las horas de la mañana. Son imitación de la oración del Señor Jesús que: "cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y se fue a un lugar solitario. Allí se puso a orar." (Marcos 1, 35)

San Basilio, (rescatan los Principios y Normas Generales de la Liturgia de las Horas) expresa muy bien este carácter matinal con las siguientes palabras: "Al comenzar el día, oremos para que los primeros impulsos de la mente y del corazón sean para Dios y no nos  preocupemos de cosa alguna antes de habernos llenado de gozo con el pensamiento en Dios, según está escrito"Me acordé del Señor y me llené de gozo." (Salmo 76, 4)

Esta Hora que se celebra con la primera luz del día trae, además, a la memoria el recuerdo de la resurrección del Señor Jesús, que es la luz verdadera que ilumina a todos los hombres (Cf. Juan 1,9) yel sol de justicia (Cf. Malaquías 3, 20) que nace de lo alto (Cf. Lucas 1, 78).


De esta manera, las Laudes cantan la alegría del Señor de la Vida y consagran a Dios la jornada por delante en sus proyectos y trabajos. Es encuentro con Cristo Maestro, para caminar junto a Él a lo largo de las horas.




En el video: el rezo del Salmo 117, correspondiente a la Salmodia de Laudes, del Domingo II del Salterio.





  Himnos de Laudes.



Algunos himnos propios del Oficio de Laudes.

HIMNO: ESTATE, SEÑOR, CONMIGO
Estate, Señor, conmigo
siempre, sin jamás partirte,
y, cuando decidas irte,
llévame, Señor, contigo;

porque el pensar que te irás
me causa un terrible miedo
de si yo sin ti me quedo,
de si tú sin mí te vas.

Llévame en tu compañía,
donde tu vayas, Jesús,
porque bien sé que eres tú
la vida del alma mía;

si tú vida no me das,
yo sé que vivir no puedo,
ni si yo sin ti me quedo,
ni si tú sin mí te vas.

Por eso, más que a la muerte,
temo, Señor, tu partida
y quiero perder la vida
mil veces más que perderte;

pues la inmortal que tu das
sé que alcanzarla no puedo
cuando yo sin ti me quedo,
cuando tú sin mí te vas. Amén.

HIMNO: CANTEMOS AL SEÑOR, CON INDECIBLE GOZO
Cantemos al Señor con indecible gozo,
él guarde la esperanza de nuestro corazón,
dejemos la inquietud posar entre sus manos,
abramos nuestro espíritu a su infinito amor.

Dichoso será aquel que siempre en él confía
en horas angustiosas de lucha y de aflicción,
confiad en el Señor si andáis atribulados,
abramos nuestro espíritu a su infinito amor.

Los justos saben bien que Dios siempre nos ama,
en penas y alegrías su paz fue su bastión,
la fuerza del Señor fue gloria en sus batallas,
abramos nuestro espíritu a su infinito amor.

Envíanos, Señor, tu luz esplendorosa
si el alma se acongoja en noche y turbación,
qué luz, qué dulce paz en Dios el hombre encuentra;
abramos nuestro espíritu a su infinito amor.

Recibe, Padre santo, el ruego y la alabanza,
que a ti, por Jesucristo y por el Consolador,
dirige en comunión tu amada y santa Iglesia;
abramos nuestro espíritu a su infinito amor. Amén.

HIMNO: DEJADO YA EL DESCANSO DE LA NOCHE
Dejado ya el descanso de la noche,
despierto en la alegría de tu amor,
concédeme tu luz que me ilumine
como ilumina el sol.

No sé lo que será del nuevo día
que entre luces y sombras viviré,
pero sé que, si tú vienes conmigo,
no fallará mi fe.

Tal vez me esperen horas de desierto
amargas y sedientas, mas yo sé
que, si vienes conmigo de camino,
jamás yo tendré sed.

Concédeme vivir esta jornada
en paz con mis hermanos y mi Dios,
al sentarnos los dos para la cena,
párteme el pan, Señor.

Recibe, Padre santo, nuestro ruego,
acoge por tu Hijo la oración
que fluye del Espíritu en el alma
que sabe de tu amor. Amén.

HIMNO: GRACIAS, SEÑOR, POR EL DÍA
Gracias, Señor, por el día,
por tu mensaje de amor
que nos das en cada flor;
por esta luz de alegría,
te doy las gracias, Señor.

Gracias, Señor, por la espina
que encontraré en el sendero,
donde marcho pregonero
de tu esperanza divina;
gracias, por ser compañero.

Gracias, Señor, porque dejas
que abrase tu amor mi ser,
porque haces aparecer
tus flores a mis abejas,
tan sedientas de beber.

Gracias por este camino,
donde caigo y me levanto,
donde te entrego mi canto
mientras marcho peregrino,
Señor, a tu monte santo.

Gracias, Señor, por la luz
que ilumina mi existir;
por este dulce dormir
que me devuelve a tu cruz.
¡Gracias, Señor, por vivir! Amén.

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