lunes, 5 de diciembre de 2011

El Oficio Divino y la Santificación del tiempo.



Por Bruno de María.

1. Cada hora nos habla de eternidad en el presente. El tiempo es memoria, se abre a la novedad del presente y es esperanza del mañana.

2. El tiempo litúrgico, por tanto, prolonga hasta hoy los acontecimientos de la salvación.

3. El cristiano “ora sin interrupción” porque es un miembro de la Iglesia y cuando ésta ora, ora en todos sus miembros. Todos participan de las acciones de los demás.

4. Jesús oraba sin interrupción: al salir el sol, al mediodía, al atardecer y por la noche. Todo el día estaba unido al Padre. Así mismo los Apóstoles y la Iglesia toda.

5. Para orar siempre, basta dedicar a la oración los momentos claves de la jornada para convertir nuestra vida toda en oración y en ofrenda permanente a Dios.

6. El tiempo, no es santificado por sí, es santificado el hombre que vive en el tiempo.

7. La Liturgia es siempre el lugar de encuentro de Dios con el hombre por medio de Cristo, sumo y eterno sacerdote mediador.

8. La Liturgia de las Horas da sentido al tiempo de la vida humana, haciendo que cada instante del día y de la noche sea signo del misterio de salvación.

9. El tiempo es un medio para que el hombre se comunique y dialogue con Dios.

10. “Se comienza el día con oraciones dirigidas a Dios, se termina con himnos que entonamos a Dios.” (San Hilario de Poitiers).

11. La oración a lo largo del día expresa la voluntad de acercarse al ideal de una alabanza ininterrumpida, que se asocia a la que resuena en el cielo.

12. “Aquel himno que se canta perpetuamente en la moradas celestiales y que el Sumo Sacerdote de la nueva Alianza, Cristo Jesús, al tomar la naturaleza humana, introdujo en este exilio terrestre.” S.C. n. 83.

13. La oración al -alba, mediodía, crepúsculo, noche-están marcadas por la rotación de los astros y da a nuestra oración una dimensión cósmica.

14. “El hombre, por su misma condición corporal, es una síntesis del universo material, el cual por medio del hombre alcanza su más alta cima y alza la voz para la libre alabanza.” (G.S. n. 14).

15. El tiempo es parte integrante de la vida del hombre y de su historia. El hombre se realiza en el tiempo…así la oración acompaña a la humanidad en su caminar por la historia.

16. Nuestra oración debe estar salpicada de los gritos que se levantan de todos los rincones del mundo donde el hombre lucha y se afana.

17. Las Horas coinciden con las pausas del trabajo: al alba, antes de comenzar las tareas del día, al descanso de mediodía, al atardecer, a la conclusión de la jornada y por la noche. Marca el compás de nuestra vida.

18. El biógrafo de san Francisco de Asís dice: “una oración hecha vida y una vida hecha oración.”

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