domingo, 4 de diciembre de 2011

Gloria a Dios y servicio a su pueblo.



“Ven Espíritu Santo, luz y gozo, Amor que en tus incendios nos abrazas,  renueva el alma de este pueblo tuyo que por mis labios canta tu alabanza.” En esta primera estrofa de uno de los himnos de Tercia para la Cuaresma se expresa gran parte de ese espíritu de la Liturgia de las Horas.

Cuando el bautizado reza la oración de la Liturgia de las Horas hace de su corazón y de voz instrumento para la gloria de Dios en tanto le alaba, e instrumento de servicio a todo el pueblo de Dios en tanto alaba a Dios “en nombre de” su pueblo y más todavía, en nombre de todos los hombres y de toda la creación.

Es transformador vivenciar la oración de la Liturgia de las Horas desde esta actitud interior que conduce a vivir la oración realmente como un servicio a los hermanos. En la Liturgia de las Horas no ora quien la celebra sino aquellos en nombre de quienes se ora. No oro yo, y sin embargo oro yo. No oro yo, son ellos quienes oran a través de mí. La Gracia del Padre derramada en el transcurso de cada Hora es bendición propia de todo encuentro con el Señor y su Palabra y puede ser vivida en la seguridad de ser alcanzada por muchas almas.

Que tu Gracia, Señor, no llegue a mí si antes no llegó a ellos. Amén.

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