lunes, 31 de diciembre de 2012

Eucaristía y Liturgia de las Horas.



¡Qué acertados los versos, ya citados anteriormente, de uno de los himnos de Tercia para el tiempo de Cuaresma!: "Renueva, Señor, el alma de este pueblo tuyo, que por mis labios canta tu alabanza". Eucaristía y Liturgia de las Horas giran en un sentido y dirección conjuntas. No sólo porque recorren el ciclo del tiempo litúrgico en torno a los Misterios de la Encarnación y la Redención, sino también porque ambas celebraciones son un celebrar en nombre de muchos.

Al ir adentrándose en la experiencia de orar con la Liturgia de las Horas, en cuanto oración en nombre de otros, y en cuanto salirse de sí mismo en la alabanza y escucha al Padre, se va modelando el corazón orante para celebrar en igual sintonía la Eucaristía. El tiempo va fraguando esta experiencia que nos ayuda a vivir realmente la Misa como oración total que es. La Liturgia de las Horas va dejándonos más sensibles a ese sentido de la oración en nombre de otros.

Siguiendo al Catecismo de la Iglesia Católica, nro. 1178, "la Liturgia de las Horas (...) es como una prolongación de la celebración eucarística [y] acoge de manera complementaria, las diversas devociones del Pueblo de Dios (...)."

De esta forma, la celebración Eucarística y la Liturgia de las Horas se van tornando para el cristiano en íntimos alimentos. En la Eucaristía, en Laudes y en Vísperas el hijo de Dios se dirige a su Padre y, tres veces en el día, le llama "Padre nuestro". Sí; "nuestro". Tenemos que prestar atención a esto porque la Liturgia de las Horas y la Santa Misa es oración de la Comunidad de los hijos de Dios y de esta Comunidad por muchos otros. 

Por el sentido de la Liturgia de las Horas, Cristo va sembrando un corazón Eucarístico. El corazón del Cristo que entrega todo de sí anonadándose a sí mismo, en alabanza y obediencia al Padre, lleno del Espíritu.

Que cada himno y cada salmo, cada lectura y cada cántico, Padre, sea para ti alabanza y gloria y para nuestro espíritu ejercicio saludable que siembre en tu pueblo ese corazón eucarístico de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro. Amén.

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